Morre Nelson Mandela, o presidente que utilizou o rugby pela igualdade racial

05/12/2013
Morre Nelson Mandela, o presidente que utilizou o rugby pela igualdade racial

Presidente da África do Sul entre 1994 e 1999, ele tinha 95 anos.

Líder foi hospitalizado em dezembro para fazer exames de rotina.

O ex-presidente da África do Sul Nelson Mandela morreu aos 95 anos em Pretória, anunciou o presidente do país, Jacob Zuma. Mandela ficou internado de junho a setembro devido a uma infecção pulmonar. Ele deixou o hospital e estava em casa. “Ele partiu, ele se foi pacificamente na companhia de sua família”, afirmou o presidente. “Ele descansou, ele agora está em paz. Nossa nação perdeu seu maior filho. Nosso povo perdeu seu pai.” Via Portal G1.

Para os amantes do rugby, ficará na memória como o presidente que utilizou a Copa do Mundo de 1995 como ferramenta de unificação social contra a discriminação e desigualdade racial pós apartheid.

 

A continuação publicamos relato de um jornalista argentino que guarda intacta a indelével recordação de um dos momentos mais icônicos do esporte, talvez por ter transcendido os próprios limites do esporte. Também publicado no blog do jornalista João Paulo Mileski "Rugby em Pauta".

Frankie Deges cobriu in-loco a Copa de 1995, na África do Sul, e elaborou o seguinte artigo publicado no site A Pleno Rugby.

Se todos nós sabemos o que aquele Mundial significou para os sul-africanos, poucos, como Frankie, viram, ouviram e testemunharam que a compassividade e o esporte também podem ser armas poderosas contra a divisão de um povo.

 

El día que estuve con Mandela, por Frankie Deges

Recuerdo vivamente el día que estuve con Nelson Mandela. Fue el viernes 25 de mayo de 1995. Ciudad del Cabo había amanecido con un increíble sol y cuando el clima es así de perfecto, pocas ciudades del mundo están a la altura de la gran perla africana.

Había llegado a Sudáfrica para cubrir mi primer Rugby World Cup y si bien había tenido la enorme fortuna de visitar ese país tres veces en los años previos, la electricidad que se vivía ese día, ese mes, no la había vivido nunca. En ninguna otra parte. Las sensaciones de ese mes no las volví a vivir en los siguientes 18 años.

La jornada arrancó con el viaje de media hora a Newlands, el estadio de rugby mas lindo de Sudáfrica. Me estaba quedando en la casa de mi amigo y colega sudafricano Louis de Villiers, en las afueras de la ciudad, cerca de la costa, mirando hacia la enormidad de Table Mountain (la montaña de la mesa). Partimos temprano para un partido que prometía un arranque mundialista increíble: los Springboks contra Australia, el campeón mundial defensor.

Una parada casi obligada por el Springbok Pub, a pasos del estadio y construido alrededor de un viejo vagón de tren, y la excitación que crecía por minuto. Entre esos recuerdos imborrables está que, por estar lesionado y ser empleado de la Unión de Western Province, quien me llevó a mi ubicación en la tribuna de prensa fue el icónico Chester Williams.

El wing de los Springboks era la gran figura de ese Mundial. Saludaba desde los carteles, South Africa Airways regalaba una gorra con sus ojos en la parte delantera y era la cara de la transformación de su país. Representaba mucho mas que el color de su piel; sobre Williams se había edificado la comunicación de un país multicolor. Una lesión unos días antes había frustrado su sueño; terminaría volviendo al equipo para los cuartos de final y fue finalmente campeón del mundo. Ese arranque del Mundial lo vio trabajando con los muchos periodistas internacionales.

PJ Waters y la banda LadySmith Black Mambazo cantaban para un alegre público mientras se soltaban globos y había bailes que representaban todas las etnias del país. No era mi primera vez en Sudáfrica y tenía la suerte de entender bastante bien lo que pasaba en ese país. Si bien no llegué a vivir lo peor de la atroz política de segregación y falta de derechos –el Apartheid duró entre 1948 y 1994 – mi primer visita había sido en marzo de 1991 cuando todavía era complicado el tema racial.

Regresé en el ’92 y en el ’94 y se notaban algunos cambios mas cosméticos que de fondo aunque había un temor del otrora dominador blancopor el protagonismo que podían llegar a buscar a modo de venganza los antiguos dominados. El término AffirmativeAction (acción afirmativa) tensaba los nervios de la población blanca ya que ponía en riesgo su forma de vida.

Acá entra Nelson Mandela. Abogado de profesión, luchó contra el Apartheid primero desde las ideas y después desde la lucha subversiva. Se convirtió en un gran enemigo del sistema blanco y finalmente fue apresado. Tuvo la suerte de evitar la muerte como varios ex compañeros suyo de causa, pero pasó 27 años en prisión por actos de terrorismo y alta traición. Salvo los últimos meses de reclusión domiciliaria, el resto fueron en lugares alejados, con mínimo contacto con su familia o amigos y con largos períodos de trabajo forzado.

Aún así, en su aislamiento, se convirtió en el líder silencioso de una mayoría sin poder. La presión internacional que había puesto cientos de embargos al país no podía dejar de oírse. Y el pedido de que liberen a Mandela era tan fuerte que la arrogante dirigencia nacional debió atender el reclamo internacional.

Fue así que el 11 de febrero de 1990 Mandela fue liberado. En vez de volver a la lucha armada, que era lo que preferían desde su partido, el Congreso Nacional Africano (ANC), Mandela tuvo un discurso conciliador desde su salida de la cárcel. En el ’92, Mandela y el ANC ya se habían portado bien con el rugby al dejar que los Springboks jugarán con Australia en un momento complicado. Se dice que Danie Craven mientras fue Presidente de la South African Rugby Board siempre tuvo buena relación con el ANC.

Dos días antes del partido con que arrancaría el Mundial, un año y 13 días después de su asunción como presidente, Mandela se acercó a saludar a los Springboks. Esa visita salió publicada en todos los diarios que ya enfocaban la mayoría de sus páginas al rugby.

Cuando llegó el momento de la apertura del Mundial, se anunció la presencia del presidente de todos los sudafricanos. La enorme mayoría de los miles de hinchas que llenaron Newlands eran blancos. Con su mano derecha en alto, saludando, y usando una camisa de diseño multicolor, caminó hasta el centro de la cancha ante el canto cerrado y ruidoso de “Nelson, Nelson, Nelson.”

Se paró frente al micrófono y su pausa fue eterna. Los cantos no le daban espacio para que empezara. Su enorme sonrisa blanca era tan sincera que emocionaba. Ese era su momento, el reconocimiento de una parte de la población que lo había puesto tras las rejas, que había manejado de manera repudiable su país, que había asesinado a cientos de hermanos de color por el simple hecho de no ser blancos. Su país, a partir de su mensaje de unidad y paz, estaba cambiando.

Sentado al lado mío estaba Dan Retief, una de las principales plumas del rugby sudafricano. Escribía entonces en el prestigioso Sunday Times que en 1980 había comenzado la campaña pro-liberación de Mandela. Dan había vivido toda su vida adulta como testigo de las injusticias del Apartheid. Él, como muchos otros sudafricanos blancos, lloraba lágrimas de alegría por el amanecer de un nuevo país mientras el canto de “Nelson, Nelson, Nelson” no paraba. Finalmente, Mandela habló en Newlands, dio por inaugurado el tercer Mundial y el mundo tomó noticia de que Sudáfrica no era mas lo que había sido.

No se lo volvió a ver a Mandela en el Mundial hasta la final. Con el movimiento natural de un torneo que fue impresionante – uno de mis mejores recuerdos en una vida periodística plagada de buenos momentos – casi ni caímos en la cuenta de su ausencia. Luego nos enteraríamos a través del libro El Factor Humano, una buena crónica del inglés John Carlin, que seguía en contacto constante con el que hacer del torneo y de su equipo. Mandela había sido clave para retener el Springbok como símbolo del rugby que sus correligionarios querían abolir como castigo a tantos años de Apartheid.

El sábado de la final fue otro fabuloso día. Sol y alegría por todas las calles. El país arco iris (RainbowNation) estaba de fiesta. De saco y con la corbata de mi club, fui al mítico Ellis Park como quien va a una fiesta de gala. Faltaba el partido que empezó a ganarse cuando Mandela apareció por el vestuario local vistiendo la camiseta número 6 de François Pienaar. Cuando salió a saludar a los dos equipos, explotó Ellis Park. Fue un envión anímico para una nación que buscaba como reconciliarse.

Si Mandela había sufrido al hombre blanco durante toda su vida y ahora le extendía la mano abierta en franca amistad, no podía negársele la oportunidad a todos los sudafricanos de buscar caminos que los convirtieran en un pueblo unido. En la memoria colectiva del rugby quedará para siempre la foto del capitán François Pienaar, rubio de cara angulosa, el típico chico Boer, recibiendo la Webb Ellis Cup de manos de su presidente. Un momento, un gesto, una historia. Se me sigue poniendo la piel de gallina…

Pasó el tiempo. Sudáfrica pudo encontrar caminos de convivencia. No es el país ideal, las heridas cuando son tan profundas llevan tiempo para curarse. Mandela marcó un rumbo; su desaparición de la vida pública y mientras lucha con su vida, permiten reflexionar sobre una vida de convicciones y de lecciones.

Mi recuerdo personal será siempre el de haber estado con Mandela.

Su presencia era tan magnética que, mas allá de haberlo compartido con miles de enfervorizados hinchas tanto en Newlands como en el Ellis Park, sigo sintiendo que con el personaje mas emblemático del siglo pasado tuve una intimidad que sólo nos permiten los grandes. Sigo sintiendo el Nelson, Nelson, Nelson, sigo escuchando a los miles de hinchas cantar el Shosholoza y sigo con la idea de que estuve en un mano a mano con Nelson Mandela. Eso me hizo sentir Madiba aquel 25 de mayo de 1995 en Newlands y el 24 de junio del mismo año en el Ellis Park.

Foto: IRB/Divulgação


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